Acompáñenme en esta triste historia.

Hace poco más de 15 días decidí comprarme las Oculus Quest 2. Para los que no estén al día de la tecnología, se trata de un visor de realidad virtual, de los mejores actualmente en relación calidad-precio.

Pese a ser un gasto meramente de capricho, basé mi razonamiento en que por primera vez un teléfono móvil – mi capricho tecnológico por excelencia desde hace más de 20 años – iba a cumplir en mis manos 2 años (el próximo día 26 de Marzo). Y por primera vez en mucho tiempo no sentía la necesidad de cambio, una sensación ya os digo que extraña en mí. Siento que la tecnología de los móviles ya no avanza como antes y el cambio no es justificable si no aporta algún factor diferencial.

Como digo este pensamiento de hace 15 días acabó con mis huesos en Fnac comprando las Oculus, de las cuales probablemente hable otro día, y que, por cierto, están en trámite de cambio por un defecto de fabricación.

Caminaba yo este sábado a paso acelerado al encuentro de mi hermano con Nerea al lado intentando seguirme el ritmo con sus piernas de 6 años. Un frío helador en la mañana zaragozana, unas manos frías y un móvil – mi querido Mi 9 – que se resbala mientras observo, a 960 fps, su cruel destino.

Un primer bote con la esquina superior derecha, «apenas si se ha golpeado, todavía podría salvarse» pensé, para caer justo delante del pie derecho de Nerea que seguía intentando andar al paso militar de su padre.

Nerea de forma involuntaria engancha una bolea que evoca al gran Nayim en el Parque de los Príncipes, y el Mi 9 describe una parábola que finaliza dos metros más adelante con dos botes y tirabuzón sobre el pavimento adoquinado.

Nerea: Dile adiós
Yo: Adioosss.

Recogí mi móvil del suelo para comprobar que no había milagro. La pantalla rota por varios sitios, funcionado eso sí, y sorprendentemente entero para lo espectacular de la caída.

Y aquí entró en marcha una de las muchas taras de mi cerebro. En 22 años y tras casi medio centenar de móviles, todos ellos han sido jubilados en perfectas condiciones. Funcionando y con pantallas que pasarían por nuevas. Es la primera pantalla que rompo en todo este tiempo. Me cuesta horrores llevar un simple arañazo en la pantalla del móvil. Me provoca picor en el cerebro ver a la gente con pantallas rotas. En el Redmi 8 (mi teléfono secundario) llevo un surco de menos de 3 mm y me provoca que un ojo se me guiñe descontrolado cuando lo veo al trasluz. Así que tras comer, las voces de mi cabeza hicieron el resto, cogí el coche y acabé comprándome el 10T Pro.

Tras esta decisión (no negaré que tal vez poco reflexiva) pediré pantalla para el Mi9 y lo repararé. Tengo todos mis Android guardados y funcionando. Pero también he de reconocer, que el cambio es brutal (sobre todo en la batería, tanto por capacidad de uno y de otro como de desgaste del anterior) pese a que hace una semana estaba completamente decidido a estirar el Mi 9 al menos medio año más.

Hoy había iniciado este post con la idea de hacer un repaso sobre los móviles que he tenido que más me han gustado, algunos míticos, pero al final me he liado con la «anerdota» y creo que lo dejaré aquí. Extraigamos la siguiente moraleja: Da igual los planes que tengas, el universo siempre conspirará para desplumarte.

Saludos y hasta mañana.

36. Zaragozano. Sysadmin. Geek. Freak. De pequeño soñaba con pilotar un X-Wing, jugar a fútbol como Tom Baker y conocer a Shiryu del Dragón. Aquí cuento cosas sobre los 90, algo de tecnología y videojuegos.

3 respuestas

    • Afortunadamente las pantallas de los móviles aumentan de tamaño con mi edad. Ya vamos por 6,7″. Hace menos de 6 años mi límite aceptable eran 5″…

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