5 famosos y un impostor

Agosto es un mes difícil. Hace calor en la calle, no hay ni Blás trabajando y me veo forzado a tomar café en la oficina sin más compañía que mi móvil. Y hasta acabo haciendo juegos de estos de Twitter en los que respondes a una imagen como si a alguien le importase. Y como el paradigma del sitio donde cuento cosas sin que a nadie le importen (y yendo más allá, sin que nadie las lea) es el blog, pues me vengo aquí a contar mis batallas de abuelo cebolleta.

Del listado que compartía en Twitter, el que evidentemente nunca he tenido el gusto de que me inyecte nanobots es Bill Gates. Los otros cuatro he tenido el placer de estrecharle la mano en algún momento de mi vida y por rocambolesco que parezca, goberneitor fue uno de ellos.

Corría el año 1997 y en Zaragoza se estrenaron los cines de un conocido centro comercial. La publicidad, que entonces consistía en el boca a boca y en algunos carteles pegados por la ciudad, anunciaban a bombo y platillo que Arnold Schwarzenegger y George Clooney inaugurarían dichos cines como parte de la promoción de la película (por llamarla de alguna forma sin insultar) Batman y Robin.

Al salir del instituto un amigo y yo fuimos como dos o tres horas antes de la hora anunciada a ponernos en primera fila para ver a Terminator. Por supuesto al ir acercándose la hora, eso se empezó a llenar y se puso como si regalasen algo (por cierto, ni un triste poster) y ahí estábamos nosotros aferrados a la valla como si nuestra vida dependiese de ello.

6 horas, 6 largas horas, con sus 360 minutos, casi 4 horas de retraso respecto a la hora indicada, mientras ponían imágenes proyectadas de un avión en pantallas gigantes y empezaba a sondear los límites de mi vegija.

Cuando por fin apareció Schwarzenegger, comenzó una vuelta por la planta del centro comercial, parándose a chocar y dar la mano a los que estábamos en primera fila (principalmente niños y abuelos sin otra cosa que hacer). George Clooney se limitó a sonreír y mover la mano como si estuviese espantando moscas.

Esa es mi breve pero intensa historia con el puto T-800. Un apretón de manos firme, una vegija a punto de explotar y 6 horas de mi vida que podría haber invertido en jugar al Age of Empires.


De ese listado tampoco es moco de pavo el poder decir que le dí la mano a uno de los mejores laterales derechos de la historia del fútbol. Marcos Evangelista de Morães, más conocido como Cafú. Bicampeón del mundo, jugador con más participaciones en la selección brasileña hasta el momento, único jugador en la historia en jugar tres finales mundiales consecutivas…y como buena estrella que se ficha en mi querido Real Zaragoza, un pufo a orillas del Ebro.

Un jugador que vino en el mercado de invierno de la 94-95 y no fue capaz de quitarle la titularidad a Alberto Belsué en el equipo de la Recopa (Sólo jugó el partido de vuelta contra el Chelsea después de haberles ganado 3-0 en La Romareda y no fue ni convocado en el resto de partidos).

Y fue precisamente con Belsué con quien vino a la fiesta de final de curso de mi colegio. Así. Como suena.

Sí, parece peregrino, pero no fue lo único extraño de aquel curso 1994-95. Y es que dos de mis profesores de Educación Física durante un trimestre de aquel curso fueron Santi Herrero y Galo que probablemente a la mayoría ni os suenen, pero en aquella 94-95, además de hacernos correr hasta sacar el hígado entre semana, los fines de semana se dedicaban a ganar la Liga Española de Fútbol Sala con el mítico Pinturas Lepanto. (Santi además fue MVP de aquella liga).

Pues bien, intuyo (y esto ya no estoy seguro pues nunca lo pregunté y entonces era un crío de 11 años) que aquello saldría de alguna colaboración del colegio con alguna inciativa para fomentar el deporte y de ahí vino también el que dos jugadores que se habían proclamado (Belsue más que Cafú, la verdad) campeones de Europa pocas semanas antes, vinieran a visitarnos al colegio.

Estas son dos de mis historias con famosos. La de Bruno Senna y Labordeta las dejo para otro rato. O mejor, para otro rato, la del día que Jackie Chan se hizo un selfie con nosotros. Esa sí que da para post.

Saludos y hasta mañana!

36. Zaragozano. Sysadmin. Geek. Freak. De pequeño soñaba con pilotar un X-Wing, jugar a fútbol como Tom Baker y conocer a Shiryu del Dragón. Aquí cuento cosas sobre los 90, algo de tecnología y videojuegos.

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